Leí en alguna parte que para poder realizar un sueno el primer requisito es una gran capacidad para soñar, el segundo es la persistencia, y la fe en ese sueno.
Hace tiempo que tengo un sueño, esos sueños que crees demasiado grandes para que se hagan realidad, te hacen sonreír cuando entran en tu cabeza pero, piensas irrealizable, sueños que crees morirán con vos.
Un día este sueño decidió ocupar gran parte de mi tiempo, llegue a pensar que si no escuchaba retumbaría en mi interior, como algo pendiente, convirtiéndose en un intimo enemigo.
Miré mi vida desde afuera y pensé que no había nada que me privara de hacer realidad los sueños, y en particular este. Que escuchar lo que te dictan de adentro es lo mas valioso, y que el error es creer que uno no puede hacer coincidir lo que quiere ser con lo que es.
Este sueño consistía en recorrer el continente. Muchos ya lo hicieron y otros me seguirán; yo tan sólo quise unir con mi moto Alaska y Ushuaia, los extremos de esta inmensa América, y lo estoy haciendo.
No llevo la bandera de la paz, no soy la voz de ninguna organización política o económica, ni por los derechos humanos. Lo hago por mis ganas de conocer los confines de un continente donde milenarias culturas indígenas se mezclan con la tradición europea. Donde blancos, negros, mulatos e indios conviven bajo un mismo cielo, donde la geografía muta del desierto a la selva tropical o las elevadas montañas. Donde en algunos lugares el calor derrite el asfalto que en otros es cubierto por la nieve.
Cada kilómetro que recorro me siento más feliz. Tanto que por las noches, cuando después de un día agitado me dispongo a dormir, doy vueltas mirando las estrellas sin lograr conciliar el sueño.
Sobre la moto me siento dueño de los caminos, casi todopoderoso, es como si no hubiese meta que no pudiera alcanzar. Junto a mí llevo a mis seres queridos, mis hermanos y padres, mis amigos que dejé en Argentina pero que siempre me acompañan. Y les agradezco que creyeron en mi.
Para llegar hasta acá tuve que aprender que no se puede saber lo que el destino nos prepara y que día a día hay que encarar distintas situaciones , y ver como desafío buscarles una nueva solución, Mis primeras lecciones fueron aprender a estar solo, controlar y enfrentar mis miedos. esto es la universidad de la vida en donde uno aprende lo inimaginable.
Vi y conocí tantas cosas, tanta gente. ¡Y todavía me queda tanto por conocer!
Les agradezco su apoyo día a día para seguir juntando fuerzas y les deseo a cada uno la mayor suerte con cada uno de sus sueños.
Ivan Pisarenko
Sep. 2005